En mi opinión, uno de los problemas de la Humanidad es la falsa percepción sobre nuestra verdadera identidad que nos causa una carencia afectiva. Estamos tan condicionados por el "principio de la escasez" que vivimos como si nos faltara siempre algo.
Nos sentimos inadecuados, inseguros, solos, separados del resto, incompletos. "Amamos" al otro con el objetivo de ver qué podemos obtener de él o enfocándonos en qué nos va a dar. En el momento en que deja de ofrecernos lo que nosotros deseamos, lo dejamos de amar. ¿Amábamos realmente a aquella persona o lo que ella nos proporcionaba?
Vivimos con una insatisfacción permanente. Nos pasamos la vida buscando algo que nos llene el vacío interior. Cronstruímos mentalmente una personalidad que necesita mejorar contínuamente, autoexigirse, perseguir una perfección inexistente, conseguir más éxito, más dinero, más poder, más amor, más reconocimiento, más aceptación, etc y creemos que haciendo esto, un día alcanzaremos la tan anhelada felicidad.
El problema es que nos damos cuenta de que ese día nunca llega. Perseguimos a un ideal que no existe.
Decía el psiquiatra austríaco, Viktor Frankl: "No aspiren al éxito; cuanto más aspiren a él y lo conviertan en su objetivo, con más probabilidad lo perderán. Puesto que el éxito, como la felicidad, no puede conseguirse, debe seguirse...como si fuese el efecto secundario no intencionado de la dedicación personal a algo mayor que uno mismo".
Cuando dejamos de buscar, nos paramos en el "aquí y ahora" y nos entregamos completamente a la vida con aceptación es cuando realmente hallamos lo que estábamos buscando: a nosotros mismos. Es entonces cuando nuestra percepción cambia y empezamos a ver la vida como un medio a través del cual podemos dar.
Somos todo lo que deseamos y dándolo a otros, somos capaces de experimentarlo. En esto consiste el gozo de dar; la clave de la felicidad. Este es el verdadero sentido de nuestra existencia.
Para concluir, os dejo con unas palabras del libro "Un Curso de Milagros": <<El Ser que Dios creó no necesita nada. Está eternamente a salvo y es eternamente íntegro, amado y amoroso. Busca compartir en vez de obtener. No tiene necesidades de ninguna clase y sólo busca unirse a otros que, como él, son conscientes de su propia abundancia>>.