Para la mayoría de las personas, volver al trabajo después del verano supone un esfuerzo tremendo y mucho estrés. Sin embargo, existen estrategias efectivas que nos hacen esta vuelta más leve y fluida.
¿Cuáles son estas estrategias?
1.- Empezar el día con una actitud positiva y optimista.
Si empezamos el día con negativismo es normal que nos cueste ponernos en marcha. En cada momento, podemos elegir nuestra actitud cambiando el enfoque de nuestra mente.
¿Cómo?
• Al despertarnos, damos las gracias por un nuevo día.
• Expresamos gratitud por las personas que queremos, las cosas que van bien, que nos gustan, que disfrutamos y por las maravillosas vacaciones que hemos pasado.
• Escribimos cuál es la intención del día; qué queremos sentir? Hacer? experimentar?, etc
• Huimos de las quejas y críticas, es decir de las personas tóxicas. Quejarse es un virus que se propaga rápidamente.
• Con la autogestión emocional; liderando las propias emociones para mantener un equilibrio. Si nuestra actitud depende de las emociones inestables somos prisioneros del negativismo.
• Nutriendo el alma con lecturas constructivas y dejando de leer y ver las malas noticias de los medios.
• Siendo más neutrales sin juzgar la vuelta al trabajo de una forma negativa. Toda situación tiene aspectos buenos y malos.
2.- Volver progresivamente al ritmo normal
Si de un extremo nos vamos al otro, el cuerpo sufre. Es importante volver al ritmo de trabajo usual poco a poco y gestionar bien el tiempo creando un plan.
Cuanto mejor nos sintamos física, emocional, mental y espiritualmente, más fácil será la vuelta al trabajo. Podemos adquirir hábitos diarios para potenciar nuestro nivel de energía y motivación, como por ejemplo:
- Alimentación sana.
- Deporte.
- Meditación, ejercicios de relajación y frenar la actividad mental.
- Descansar las horas necesarias.
- Contacto con la naturaleza, el mar, etc.
3.- Ser proactivos y establecer objetivos
Esto significa asumir la responsabilidad de nuestras circunstancias. Dicho en otras palabras, se trata de abandonar el “Rol de Víctima” y empezar a generar nuevas oportunidades en nuestra vida.
¿Cómo?
- Establecemos objetivos realistas y desafiantes por escrito.
- Abandonamos hábitos destructivos como la pereza, el pesimismo, la inconstancia, la impaciencia, el desequilibrio emocional, la autocrítica, etc.
- Mejoramos nuestro diálogo interior y el autoconcepto.
- Prestamos atención a las palabras que pronunciamos.
4.- Reconocer nuestros éxitos diarios
Aquello en que nos enfocamos, se expande. Si cada día, reconocemos nuestros éxitos, por más pequeños que sean, por ejemplo: he ido al gimnasio, no me he estresado, etc, estamos atrayendo más éxitos en nuestra vida.
Adjunto dos plantillas diarias (una para empezar el día y otra al finalizarlo) muy útiles para crear este hábito.